Los libros como objetos de colección. El arte del coleccionista de libros

En su origen y significado etimológico, bibliófilo significa amante del libro. Alrededor del mundo miles de personas se ven atraídas por una forma de colección muy particular, la colección de libros. El coleccionismo, en sí, es visto por muchos como un arte o una ciencia. En cada rincón del planeta existen coleccionistas de libros que ven más allá del valor del contenido del libro que tienen en sus manos. Y es que el libro -visto como objeto de colección-, es de por sí un vestigio del pasado, un legado histórico a la posteridad producido por una sociedad tal vez ya distinta a la nuestra, e incluso, hasta desaparecida.

Bajo este orden de ideas, el libro como objeto de colección, da cuenta del contexto social en el que tuvo lugar su edición. Aún los libros digitales tienen la impronta de los métodos y técnicas de producción y distribución de la información de la sociedad actual en la era de la informática.

El coleccionista de libros

Quizás la mayoría de la gente busque en el libro solo un buen diseño y legibilidad antes que rareza, pero este no es el caso del coleccionista de libros. El coleccionista de libros escudriña las librerías buscando un tesoro bibliográfico; una edición única, rara, peculiar por su antigüedad o bajo tiraje. La magia del libro le atrae tanto como el olor de las páginas.

Visitar librerías es parte de su actividad de búsqueda de libros, sobre todo aquellas librerías de ejemplares usados, lugares privilegiados para encontrar ejemplares únicos, e incluso libros antiguos.

El libro como pieza historiográfica y arqueológica

Guillermo de Baskerville coleccionista de libros.

El libro como objeto de colección, es una actividad de suyo arqueológica e historiográfica. ¿Cómo se produjo el libro? ¿Cuál es la biografía del autor y las ideologías que marcaron la visión que plasma en el texto? ¿Cuáles fueron las circunstancias específicas de su distribución?¿cuál fue el recorrido del texto antes de llegar a sus manos? todas son cuestiones que pueden inquietar al coleccionista de libros promedio.

En efecto, quizás el libro como objeto sea una fuente histórica de primera mano en sí mismo y el coleccionista de libros lo sabe, o, cuando menos, lo intuye en su curiosidad y fascinación por el libro.

Quizás todo coleccionista de libros tiene algo de la curiosidad y la pasión por la preservación de los repositorios del saber de Guillermo de Baskerville, aquel personaje de la famosa novela El nombre de la Rosa, de Umberto Ecco.

La llegada de internet y el redimensionamiento del libro. El coleccionista de libros en la era digital

La irrupción de internet y el desarrollo de las tecnologías de la información en las últimas décadas, parecían amenazar al libro visto como formato. La avalancha de contenidos como las infografías, blogs y los contenidos audiovisuales, parecían ser una forma de adquirir conocimientos mucho más rápida y al alcance de todos que el libro impreso; habida cuenta de que el gran público es un ávido consumidor de contenidos fáciles de digerir. No obstante, el libro lejos de desaparecer, se reinventó con los formatos de publicaciones y ediciones digitales. Asimismo, el consumo de libros impresos se segmentó para determinado público, un público que busca información y contenidos más específicos, profundos y selectos, en un formato clásico arraigado en la tradición de la lectura que es visto en muchas ocasiones como más cómodo, pese a la invención de dispositivos electrónicos de lectura.

coleccionistas de libros libro digital

El libro con anotaciones y apunes como valor adicional para el coleccionista de libros

El libro impreso ha pasado a convertirse en una suerte de lujo. Su comodidad arraigada en el hábito de manipular, el incluso rayar con un lápiz o bolígrafo notas tomadas a mano en nuestro diálogo interno con el autor le han mantenido posicionado en la mente del consumidor de libros. Y aunque mucho ven rayar un libro como un sacrilegio, para el coleccionista de libros dichas marcas a muy a menudo no son vistas así. Antes bien, el libro rayado podría suponer un valor adicional -dadas las peculiaridades que atañen las marcas del propietario en ocasiones.

manuscrito de coleccionista de libros

El libro de segunda mano a menudo contiene la firma y las cicatrices de sus dueños. Muchos libros han pertenecido a personajes célebres de la historia y estos les dejado anotaciones. Otros, han pertenecido a personas comunes cuyos pensamientos, creencias y mentalidades muchas veces se han perdido en el tiempo y salen a la luz en documentos marginales, dentro de los cuales, puede figurar el libro rayado.

Así, pues, desde notas dejadas en los bordes de los libros hasta verdaderos hallazgos y soliloquios del lector con el autor del texto, en los libros de segunda mano es normal el rayado del propietario. Un ejemplo célebre es el de Fermat, quien escribió su último teorema (el de las curvas elípticas) en el borde de un libro cuyo valor actual probablemente estriba en dichas anotaciones. Muchos estudiantes suelen hacer lo propio y tienen por hábito subrayar y tomar útiles notas en los libros.

Un objeto mágico de colección

El libro tiene una historia propia con las huellas y rúbricas de sus editores, distribuidores y dueños. Ese elemento mágico que parece dialogar con nosotros desde el pasado es, que duda cabe, un fascinante objeto de colección que a menudo acompaña a la pasión de algunos por la historia.

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